La oposición angolana acusa al gobierno de dar un golpe de estado constitucional con la aprobación de la nueva constitución que amplía aún más los poderes del Presidente de la república al tiempo que acaba con la elección directa de esta figura, ocupada desde 1979 por Eduardo dos Santos. El Presidente ha evolucionado de ser uno de los principales dirigentes prosoviéticos africanos a liderar una familia con notable peso económico transnacional y gozar de una excepcional relación con la Unión Europea y las autoridades de la potencia excolonizadora, Portugal.