Cómo en el transcurso de mi itinerario indiano he venido madurando algunos conceptos muy importantes para mí, hoy a referirme sobre un tema que tengo pendiente desde hace un tiempo: mi paso por las redes centralizadas de la web2.0
Esto de reinterpretar y revalorizar experiencias en el blog, tiene mucho que ver para mí con construir conocimiento a partir de experiencias pasadas, a veces dolorosas, pero que tratadas de esta manera, construyen conocimientos útiles para mi futuro y por qué no para el de otros. De esta manera, el dolor o la frustración se convierte o tiende a convertirse en “la moneda de pago del conocimiento autogenerado” constituyendo también este ejercicio en una especie de terapia personal
Volviendo al tema de las redes centralizadas, una de las cosas que más me llamó la atención de facebook, fue puntualmente el hecho de que si publicabas un link, muy poca gente lo leía, pero si cortabas y pegabas todo su contenido, incluso de atrevían a comentarlo.
Esto lo pude ver de muy variadas maneras, lo que me llevó a plantear una hipótesis: facebook constituye un hiperespacio altamente cerrado, es decir altamente no anfibio.
Si el sólo hecho de tener que salir de esta red social hacia otro sitio o red externa constituye ya un obstáculo, que podremos esperar de un salto anfibio de mayores magnitudes, cómo el salto del mundo de los bits al de los átomos.
Otra cosa es la de relacionarse con conocidos y amigos mediante esta red, en la que si bien se puede seguir la conversación, que puede volver luego a la “vida real”, esta tiende a trivializarse y a enturbiarse en un medio de por sí altamente trivial
También, este medio constituye un espacio para confusiones y malos entendidos, ya que adhiriendo a la visión de Sergio Sinaí en su libro “Conectados al vacío“, el escuchar al otro se halla casi ausente, lo que dá lugar a uno de los tantos fenómenos de la ilusión facebook: creemos que nos relacionamos con otros, pero sólo estamos relacionándonos con nuestros propios anhelos y deseos, ya que la brecha entre “lo que supongo el otro quiere decir” y “lo que el otro está diciendo” es casi siempre más o menos importante y también esta brecha casi nunca es planteada para ser achicada, ya que cómo que dá cómo pudor hacerlo.
En este último punto, hay mucha diferencia con un blog, ya que en un blog existe ya una serie de coincidencias entre supuestos básicos y lenguaje más específico, lo que empieza a constituir un piso lingüístico propicio para conversaciones más relevantes que podrían dar lugar a relaciones futuras que expandan en mucho nuestras posibilidades.
Ahora bien, el siguiente paso en mi hipótesis fue la de preguntarme si la casi nula anfibiedad de esta red es consecuencia de su alto grado de centralización.
Esta pregunta me llevó curiosamente a 2 fenómenos sociales hoy en día muy desarrollados gracias a la web2.0: la procastinación, el dejar para después tareas, y la infoxicación, el intoxicarse con abundante información. Para mí, estos dos fenómenos, de los que aún soy en cierta manera víctima, tiene que ver con el seguir aquella masiva avidez por la novedad a la que me referí en este post, y que constituye un mecanismo social altamente arraigado y ahora agigantado por el dospuntocerismo.
Por otro lado, el usar servicios descentralizados implica justamente un juego casi opuesto: en vez de gravitar en torno a la última noticia 2.0 se pasa a gravitar en lo que puedo aprender para hacer más operativo y profesional un proyecto personal. Y el buscar aprender me va a llevar a relacionarme con otro tipo de personas, más singulares e interesantes, menos actores y más sujetos.
Si bien en este post me referí en términos muy generales a temas de por sí bien complejos, creo que valen la pena para re-pensar nuestra tan cacareada identidad digital y convertirla en algo que asciende verticalmente por un aprendizaje continuo y autogestinado o bien dejar que siga chapoteando y haciendo ruido por entre las migajas que nos dejan los grandes.
