En Islas en la Red vemos como se integrarian en la vida diaria algunas de las cosas de las que he estado hablando últimamente. En este libro Bruce Sterling explora cómo sería un mundo dónde las grandes corporaciones basadas en la democracia económica fuesen un hecho.
Pero no sólo eso, también trata del fin del Estado. Cuando estas grandes corporaciones se hacen mayores se dan cuenta que para solucionar los problemas que les van surgiendo a nivel global deben empezar a pensar como si los estados no existiesen. Es el momento de la diplomacia de empresa.
Una de las dudas que me surge es la del tamaño de estas corporaciones. Como vimos, estas organizaciones se basan en la confianza entre sus miembros. Se me hace difícil creer que se pueda confiar en miles de personas a la vez, incluso en personas con las que no has hablado nunca, sólo por el hecho de pertenecer a una organización. Es un acto de fe demasiado grande.
Es cierto que tienen el aglutinante de la cultura común, con sus propios mitos, pero no creo que sea suficiente para generar la confianza entre personas suficiente como para no caer en la burocratización. Justo la trampa que querían para sus enemigos los bancos de datos:
Las burocracias centralizadas protegen siempre el status quo. No innovan. Y es precisamente la innovación la auténtica amenaza.
Por eso creo que en el futuro, si se sigue explorando esta via, se tenderá hacia una estructura formada por pequeños módulos muy fuertemente cohesionados internamente por la confianza que da el trato diario. Por su parte estos pequeños módulos se relacionaran entre si en función de intereses comunes que vayan surgiendo. Estableciendo colaboraciones más o menos largas en el tiempo.
En cuanto al tamaño de estos módulos, ya hay quien ha dado su opinión.
Otra idea que me parece interesante es cómo los problemas surgen en los resquicios abandonados del sistema, en este caso en África, con los locos del Ejercito Libre Antiterrorista, el FACT en la versión original. Esto me lleva a la importacia que tiene incorporar a todas las partes de la sociedad, no abandonando a nadie a su suerte. Es en estos espacios abandonados por la sociedad dónde acaban floreciendo las actividades criminales. Muchas veces alimentadas en origen por algunos de los actores principales, en el libro el FACT es financiado al principio por Kimera para que les haga el trabajo sucio.
En este libro también pone de manifiesto lo peligroso que es dar demasiado poder a un agente que centralice de algún modo la información en aras de la seguridad. En Islas en la Red vemos como la voluntad Convención de Viena es secuestrada por el FACT con la amenaza de la bomba atómica.
Una enseñanza sobre la que deberiamos reflexionar, aunque no es algo nuevo. Como dijo Benjamin Franklin:
Cualquier sociedad que renuncie a un poco de libertad para obtener algo de seguridad, no se merece ni libertad ni seguridad, y acabará perdiendo ambas.