Esta semana, la semana de retomar mi blog, empieza en martes. Había decidido darle un cambio de imagen aprovechando el fin de este prolongado silencio, pero no se puede tener todo. Otro día de tiempo maldito, sin poder pararme a cuidarte como me de verdad me gustaría.
El tiempo ha pasado rápido y mientras muchas cosas buenas, pero cómo te he echado de menos, nadie lo sabe. Y el caso es que has estado ahí, a un clik, todo el tiempo. Y yo no he estado en la selva, ni en la montaña, ni en un hospital, ni con las manos rotas.
Sólo que hay veces que el exterior te envuelve o te tira, te lleva y te secuestra; y otras te deja ciega durante días con tanta luz, te droga con un perfume o te hace llegar a un estado en el que si postearas, sería para escribir cosas tan terribles como para provocar una epidemia de tristeza o tan hermosas como para colapsar el sistema.
Vuelvo a sentirlo. Estoy en casa de nuevo. En mi casa mutante y voladora llena de sueños y de arañitas cariñosas que me visitan. Y no hay nada, nada en el mundo como sentirse en casa.
(el cambio de imagen, otro día)